четверг, 2 апреля 2009 г.

El amor y la muerte


El era feliz viviendo normalmente pero todo el tiempo estaba buscando algo, aunque no entendía que era. Una vez llegó el amor. ¡Que feliz era él! Entendió que había llegado lo que siempre andaba buscando. Ella llegó con tranquilidad, sin esfuerzo, llegó como si viniera a su casa.
El era tan feliz!, todos los días pasaba el tiempo con ella. La cuidaba, se preocupaba por ella, le contaba todo lo que le pasaba. Ella estaba con él, lo comprendía, siempre le ayudaba, nunca se olvidaba de él. El siempre sentía su presencia y su preocupación, y eso le encantaba. Poco a poco él se familiarizó con ella. Ella se hizo su segundo Yo, se convirtió en su alma, y entró dentro a él.
Pero alrededor había tantos nuevos amores, eran ajenos, pero él no lo veía, pensando que ya si tenía un amor entonces podría tener algunos mas, quizás a todos. El se empezó a interesar, empezó a pasar el tiempo con ellas, estaba muy contento, había muchas, le regalaban su tiempo, hablando con él y escuchándolo, dándole muchas cosas divertidas, él se olvidó de la afición que tuvo.
Una vez en casa, la vio a ella y se asombró mucho...pues, se había olvidado de ella. El amor le dijo: «Cariño te cuidaba tanto a ti, te di tanto tiempo y fuerzas. Tengo solo una petición, no me olvides por favor, recuérdame a veces. Cuando no estés tan ocupado, cuando tengas un poco tiempo regálamelo por favor, quizá unos minutos para hablar conmigo, te echo tanto de menos».
El le dijo: «Por supuesto, te regalaré un poco de tiempo, me acordaré. Cuando tenga un poco de tiempo libre hablaremos, no lo dudes, te lo prometo».
Pero en seguida se olvidó de sus palabras. Salió de casa y al rato encontró unos amores, eran tan jóvenes, lindos y despreocupados que se fue con ellos.
Una vez el amor le volvió a recordar, diciéndole: «Sí, claro que te amo mucho pero yo no puedo vivir sin tu atención, me estoy perdiendo las fuerzas se están agotando, necesito que me recuerdes que me abraces que me digas unas palabras, necesito poco para recuperarme y seguir regalándote mi amor. No te pido mucho. Dame solo un poco de tiempo para hablar contigo».
El le dijo: «Por supuesto, te daré ese tiempo pero ahora no puedo, estoy ocupado, un día hablaremos. Te lo prometo». Pero volvió a olvidarla.
El amor lo esperaba siempre en casa en un sillón. Era su lugar predilecto, al lado de la chimenea. Ella era muy fiel y paciente.
Pero al final le dijo que ya no podía esperar más, que se iba porque que ya no tenía fuerzas para recuperarse. Se fue. No la aguantó. Que se vaya si quiere, tengo otros amores que tienen muchas fuerzas y me las regalan. Sino la afición vieja ya no me puede dar nada.
La añoró a ella un poco, pero no mucho, el torbellino de la vida lo remolineó y se olvidó de ella.
Una vez ella volvió, ya no era así como antes pero seguía siendo fuerte. Vino y le preguntó: « їTienes tiempo para mi?, їMe puedes dar un poco de atención?, їPodemos hablar como lo hacíamos antes, como amigos?»
Le contestó: «Por supuesto. Me alegro mucho de verte».
Hablaron y ella se quedó. Ella volvió a ocupar su sillón predilecto, esperándolo fielmente,él venía tarde cansado después del trabajo o de las salidas, tratando de no notar su presencia porque le daba vergüenza, ya que se portaba así, pero no podía hacer nada que lo enfadara.
Un día ella le dijo que estaba enferma, que necesitaba recuperarse y le pidió ayuda, diciéndole que solo él le podría ayudar. Dijo: «Te di tantas fuerzas, me podrías dar quizás la décima parte de lo que yo te habáa dado, así podría recuperarme y seguiría amándote».
Pero él ya no tuvo fuerzas, no le pudo dar nada. Estaba debilitado. Perdió todas sus fuerzas con otros amores. No notó que poco a poco esos amores se las sacaban aunque contrariamente pensaba que recibía fuerza. El se olvidó que lo ajeno siempre aspira a tomar, y solo lo suyo se le puede dar.
El dijo: «Pero no puedo darte nada, no tengo fuerzas».
La afición le dijo que ya tampoco tenía fuerzas que no podía esperar y si no le daba la fuerza, ella moriría. Pero él no le pudo dar nada, estaba vacío.
El amor dijo que se moriría. Esperó mucho tiempo, le fue muy fiel durante todo ese tiempo, todos los días le daba fuerzas para que viviera, todos los días le daba fuerza que él perdía con otros amores, pero ya no tenía nada, nada mas podría darle.
Pero se recuperaría solo si le daba quizá la décima parte de su fuerza y entonces volverían a estar juntos pero él no le pudo dar nada, no tuvo aun ni la centísima parte de la fuerza.
Un día él vino triste a casa, necesitaba hablar con alguien. Supo que su afición estaba por ahí y que podré hablar con ella. Pero ella no estaba en su sillón. La buscó en la cocina, luego en la habitación, después en la otra, la buscó en todas las partes pero no la encontró en ningún lugar.
Se amargó pero luego pensó que volvería a recuperarse y regresaría pronto.
Pasó un mes, luego el otro, pasó un año pero ella no volvió. El estaba perdiendo fuerzas, los nuevos amores ya no le daban alegría. Estaba esperando a su afición, tenía la esperanza que un día la volviese a ver en su sillón predilecto. Cada día volvía a casa esperando verla de nuevo, pero no estaba por ahí.
Así pasaron años, estaba envejeciendo, estaba perdiendo fuerzas pero el amor no volvía.
Un día ella vino. El se alegró mucho. Le dijo que todos esos años la esperaba, que la echaba mucho de menos y que ya por siempre la amaba. Pero el amor estaba callando.
Le preguntó: « їPorqué te callas?» Le respondió que había venido por él y que tenían que irse. Le preguntó: « ¿A donde?» Le dijo que llegó su hora de irse, que su camino se acabó y que ella vino por él. El se asustó y la preguntó: « ¿Quién eres?» Ella le contestó: «Soy La Muerte y he venido a por ti, tu tiempo se ha acabado. Tenemos que irnos». El empezó a suplicar diciendo que esta esperando la venida de alguien, sin ese alguien no podrá irse. La muerte le dijo que no podía esperar, que él no tiene ya más tiempo, que nadie mas nunca vendrá. El lloraba y le rogaba pero la muerte estaba callada.
Por fin le dijo que estaba esperando a su amor y que no podría irse sin verla por última vez.
La Muerte le dijo que le ayudaría. Ella cumplirá su último ruego.
La Muerte se convirtió en su AMOR, la que él esperaba.
El dijo: « ¿Mi Amor eres tú? ¡Como me alegro verte! Te esperaba todo ese tiempo y tú viniste al fin. Te amo tanto, todo ese tiempo te amaba solo a ti. Tengo tanto para decirte, me debes escuchar...».
El amor se sonrió con tristeza pero no dijo nada. Estaba callando. De súbito ella cambió y en vez de su amor él vio a la muerte.
Le preguntó a la muerte: « ¿Qué es esto? ¿Por quй te vuelvo a ver a ti? ¿Porqué no veo a mi amor?»
La muerte le respondió que su amor se fue y cuando se va el amor llega la muerte. Donde hay amor no hay muerte pero donde no hay amor siempre llego yo, la muerte, y ocupo su lugar.