
Hace unos días que en Perm (es una ciudad en Rusia al lado de Los Urales) se cayó un avión, murieron 88 personas. En otros tiempos viví en aquella ciudad. Una amiga mía desde allí me ha escrito que una mujer a la que conocí en aquella ciudad perdió toda la familia en aquel avión. No puedo imaginar lo que ella esta pasando ahora.
Todos estos días voy andando pensativa, solo ahora me empiezo a dar la cuenta de lo que dijo Don Juan en los libros de Carlos Castaneda, que: «La muerte - es la mejor consejera. La muerte siempre está al lado de nosotros, a la izquierda, a uno que toma a la muerte como consejera, se le cambia la vida completamente».
Prácticamente cada persona en éste mundo, a rara excepción de unas personas, viven tanto como si tuvieran toda una eternidad por delante. Hace proyectos, sueña con el futuro, se acuerda del pasado y lo añora, deja sus asuntos para mañana, dice lo que no quiere decir, hace lo que no le gustaría hacer, tira de la rutina del día a día, olvidando lo más importante. Al resultado vive tanto como si tuviera por lo menos 100 años por delante.
Lo siento, pero todos nosotros nos debemos recordar, que somos mortales, que llegamos a ésta vida para morir, ¡como si!, suena triste. Pero esto parece que es el único hecho que no podemos negar.
La muerte puede venir en cualquier momento, nadie está asegurado, ella nos puede alcanzar en casa, en la oficina, en el camino, en cualquier sitio.
Cuando la persona acepte el hecho que es mortal, que puede morir en cualquier momento, entonces su vida cambia. La vida empieza a tener otras tintas y si la persona elige la muerte como consejera, su vida se pone más saturada.
La persona no tiene pasado, lo pasó y ya no volverá, sino tampoco tiene futuro, no vendrá nunca, la persona tiene solo el presente, llamado "el aquí y el ahora", éste mismo segundo cuando me estáis leyendo, o cuando yo os lo estaba escribiendo.
Todo lo que pasa, lo más importante en la vida de cada uno, siempre ocurre en el momento "el aquí y el ahora", todos nuestros proyectos se realizan en el momento "el aquí y el ahora".
Perdemos mucho tiempo para ofendernos, para enojarnos, para hablar de tonterías, para idas y venidas, para penas vacías. Pensamos una cosa, decimos la otra y hacemos la tercera. "Me gustaría cambiar el trabajo, quiero el otro". "Sí que hay que leer éste libro", "Pues, no estaría mal de irme al teatro o de visitar a alguna exposición". "Hay que hacer un regalo para ésta persona". "Necesito decirle que le amo a ella (a él)" etc., pero pasa el día, luego el otro, el tercero... pero nada cambia, todo es como antes, las cosas se ponen para mañana, para pasado mañana, sin que venga nada.
Pero cuando la persona acepte su muerte, cuando le cobre conciencia completamente de que es mortal, cuando elija la muerte como consejera, todo cambia. La vida empieza a tener otro sentido. Las decisiones, que se pusieron antes para mañana, ahora se deciden con rapidez, los asuntos, que antes no hicieron, ahora se hacen con facilidad, es porque la persona siempre recuerda que no tiene tiempo, solo puede proceder y tiene que hacer todo irreprochablemente.
Probadlo para hacerlo. Yo lo he hecho. Llevo unos días viviendo así, y sí que mi vida ha cambiado mucho. Lo más importante es que ha aparecido el gusto de la vida, no hay aburrimiento, todas las cosas se hacen con facilidad y con gusto. Si empiezo a pensar que algo puedo hacer mañana, yo me digo a mi misma, si es que no vendrá mañana, tú tienes que hacer todo eso ahora. La vida ha cambiado su color y la muerte llega a ser mi mejor amiga.
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